DEUDA EXTERNA DEL URUGUAY - parte 6
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Moody’s Ratings: otra puerta de entrada al sistema financiero internacional
Moody’s Ratings es una de las tres grandes agencias calificadoras de riesgo del mundo, junto con Standard & Poor’s Global Ratings y Fitch Ratings. Su función es evaluar la capacidad de pago de gobiernos, empresas, bancos, organismos públicos y emisores de deuda.
En el caso de Uruguay, Moody’s no analiza si el país es socialmente justo, si los salarios son suficientes, si los impuestos son altos o si la ciudadanía vive mejor. Su enfoque principal es otro: determinar si el Estado uruguayo tiene capacidad económica, fiscal, monetaria e institucional para cumplir con sus obligaciones financieras.
Esa diferencia es fundamental. Moody’s no califica el bienestar de la sociedad uruguaya. Califica la confianza crediticia del Estado uruguayo.
La calificación actual de Uruguay según Moody’s
El 27 de enero de 2026, Moody’s Ratings confirmó la calificación de Uruguay en Baa1 para emisor de largo plazo y bonos senior no garantizados, manteniendo además la perspectiva estable. También confirmó las calificaciones de programa senior no garantizado en (P)Baa1.
La nota Baa1 mantiene a Uruguay dentro del grado inversor. En la escala de Moody’s, el grado inversor comienza en Baa3, por lo que Uruguay se ubica dos escalones por encima del mínimo. En términos comparables, Baa1 equivale aproximadamente a BBB+ en las escalas de Standard & Poor’s Global Ratings y Fitch Ratings.
Esto significa que Moody’s considera a Uruguay un país confiable para el crédito internacional, aunque no libre de riesgos.
Por qué Moody’s mantiene la confianza en Uruguay
Moody’s fundamenta su nota en varios elementos positivos.
El primero es el nivel de ingreso del país. Uruguay conserva uno de los ingresos por habitante más altos de América Latina, lo que mejora su perfil crediticio frente a otros países de la región.
El segundo es la fortaleza institucional. Moody’s destaca las instituciones sólidas, la gobernanza efectiva y la continuidad de reformas fiscales y monetarias como factores que respaldan la confianza en Uruguay.
El tercero es la baja exposición a riesgos políticos extremos. A diferencia de otros países de la región, Uruguay mantiene alternancia democrática, previsibilidad institucional y bajo riesgo de ruptura política.
El cuarto elemento es el frente externo. Moody’s menciona el déficit de cuenta corriente relativamente acotado y las reservas internacionales como amortiguadores importantes para el perfil crediticio del país.
Estos factores explican por qué Uruguay conserva una buena reputación ante los acreedores.
Las advertencias de Moody’s: el lado incómodo del informe
Pero la confirmación de la nota no es una felicitación sin condiciones.
Moody’s también advierte que Uruguay enfrenta restricciones fiscales importantes. Según la agencia, déficits fiscales mayores a los previstos han elevado la carga de deuda, que Moody’s espera se estabilice alrededor del 65% del PIB.
Este dato es central para la saga. Uruguay no está en zona de crisis, pero tampoco tiene margen ilimitado. Si la deuda se estabiliza cerca del 65% del PIB, el país queda obligado a mantener disciplina fiscal para no deteriorar su perfil crediticio.
La segunda advertencia es la inversión débil. Moody’s señala que la inversión volvió a ubicarse cerca del 16% del PIB hacia el tercer trimestre de 2025, por debajo del 19% registrado en 2022 y también por debajo de la mediana de países con calificación Baa, que se ubicaría en torno al 23% en 2025.
La tercera advertencia es el bajo crecimiento tendencial. Moody’s proyecta para Uruguay un crecimiento de tendencia cercano al 1,9% para el período 2020–2029, inferior al promedio de sus pares con nota Baa, estimado en 2,6%.
Traducido a lenguaje político: Uruguay es confiable, pero crece poco. Y si crece poco, le resulta más difícil reducir deuda, mejorar salarios, aumentar inversión pública y sostener el gasto social sin aumentar impuestos o endeudamiento.
La desdolarización como punto clave
Uno de los elementos más importantes del análisis de Moody’s es la desdolarización.
La agencia reconoce avances del Banco Central del Uruguay en credibilidad monetaria, señalando que la inflación permaneció dentro del rango objetivo de 3% a 6% durante más de dos años y que las expectativas de inflación descendieron.
Pero al mismo tiempo advierte que la dolarización financiera sigue siendo elevada. Moody’s indica que los depósitos en dólares todavía representan alrededor del 70% del total de depósitos.
Este punto es muy importante. Un país muy dolarizado tiene menos margen para usar plenamente su política monetaria. Si la ciudadanía, las empresas y el sistema financiero siguen pensando en dólares, el Banco Central tiene menos poder real para ordenar la economía mediante la moneda nacional.
Por eso Moody’s observa con atención si Uruguay logra profundizar el mercado en pesos, fortalecer el crédito en moneda nacional y reducir la dependencia psicológica y financiera del dólar.
La regla fiscal y el presupuesto 2025–2029
Moody’s también presta especial atención a la regla fiscal y al nuevo marco presupuestal.
La agencia señala que el fortalecimiento de la regla fiscal y los planes de consolidación fiscal de mediano plazo respaldan la expectativa de que la deuda del gobierno se estabilice alrededor del 65% del PIB durante los próximos tres años. Además, menciona que el presupuesto quinquenal 2025–2029 apunta a reducir gradualmente el déficit fiscal general desde 4,1% del PIB en 2025 hasta 2,6% en 2029.
Este es el centro del condicionamiento financiero. Para Moody’s, Uruguay conserva confianza si demuestra que puede ordenar sus cuentas sin romper la estabilidad política ni frenar la economía.
El problema es que esa consolidación fiscal puede chocar con demandas sociales internas: seguridad, salud, educación, salarios, jubilaciones, infraestructura y alivio tributario.
Ahí aparece nuevamente la tensión de fondo: lo que las agencias consideran prudente financieramente no siempre coincide con lo que la ciudadanía reclama políticamente.
Qué podría mejorar la nota de Uruguay
Moody’s identifica factores que podrían favorecer una mejora futura.
Uno de ellos sería la continuidad de las reformas fiscales y monetarias. Otro sería una desdolarización más profunda. También sería positivo que Uruguay lograra consolidar el cumplimiento de metas fiscales, mantener la estabilidad de precios, desarrollar más el mercado de capitales en moneda nacional y estimular una mayor inversión.
En términos simples: Uruguay podría mejorar su nota si demuestra que puede crecer más, invertir más, depender menos del dólar y reducir gradualmente el déficit sin perder estabilidad institucional.
Qué podría deteriorar la nota de Uruguay
Moody’s también deja claro el escenario negativo.
Una consolidación fiscal más débil de lo esperado, ingresos públicos insuficientes, menor crecimiento económico o una deuda significativamente por encima del 65% del PIB podrían deteriorar la capacidad de absorción de shocks del país y debilitar la efectividad de sus políticas.
A esto se suma otro riesgo señalado por la agencia: la vulnerabilidad de Uruguay ante shocks climáticos. Para una economía donde el sector agropecuario, las exportaciones de alimentos y la disponibilidad de agua tienen peso estratégico, este punto no es menor.
La advertencia es clara: Uruguay no solo depende de sus cuentas fiscales. También depende del clima, de la inversión, del precio de sus exportaciones, del dólar y del contexto global.
Sede central y autoridades principales de Moody’s
Moody’s Corporation tiene su sede corporativa en 7 World Trade Center, 250 Greenwich Street, Nueva York, Estados Unidos. Esa dirección figura en la información oficial de relaciones con inversores de la compañía. https://ir.moodys.com/investor-relations/default.aspx
La empresa opera globalmente y cuenta con oficinas en distintas regiones. En América Latina, su red incluye presencia en lugares como San Pablo, Brasil, mientras que también mantiene oficinas en Europa, Asia, Oceanía y otros centros financieros internacionales. https://ir.moodys.com/investor-relations/default.aspx
La conducción corporativa principal está encabezada por Rob Fauber, presidente y director ejecutivo de Moody’s. En el equipo ejecutivo también aparecen figuras como Tameka Alsop, directora administrativa; Christine Elliott, directora de Asuntos Corporativos; Noémie Heuland, directora financiera; Maral Kazanjian, directora de Personas; Richard Steele, asesor jurídico general; Christina Kosmowski, directora ejecutiva de Moody’s Analytics; y Michael West, director ejecutivo de Moody’s Ratings. https://www.moodys.com/web/en/us/about-us.html
En el caso específico de Moody’s Ratings, la unidad encargada de las calificaciones crediticias, la figura central es Michael West, director ejecutivo de Moody’s Ratings e integrante del equipo de liderazgo ejecutivo. La propia compañía señala que West ocupa ese cargo y que anteriormente dirigió áreas como investigación de calificaciones, finanzas estructuradas y finanzas corporativas dentro de Moody’s. https://www.moodys.com/web/en/us/about-us/leadership/michael-west.html
Este dato es relevante porque muestra que la calificación de Uruguay no surge de una opinión aislada ni de una oficina regional sin contexto. Forma parte de una arquitectura corporativa global con sede en Nueva York, liderazgo ejecutivo internacional y equipos técnicos especializados en deuda soberana.
La lectura política de fondo
Moody’s mira a Uruguay con una mezcla de confianza y cautela.
Confianza, porque el país tiene instituciones fuertes, bajo riesgo político, buena reputación externa y estabilidad monetaria creciente.
Cautela, porque el país tiene deuda elevada, déficit fiscal persistente, baja inversión, crecimiento moderado y alta dolarización financiera.
En esa combinación aparece la verdadera posición de Uruguay: no es un país castigado por los mercados, pero sí un país permanentemente evaluado.
Moody’s no le dice al gobierno uruguayo qué debe hacer en materia social, salarial, tributaria o presupuestal. Pero su diagnóstico incide en el costo del crédito. Y cuando un Estado necesita refinanciar deuda y obtener financiamiento año tras año, esa opinión pesa.
El punto más incómodo
Moody’s califica la capacidad de pago, no la calidad de vida.
Ese es el punto que debe quedar claro para el lector.
Un país puede tener grado inversor y, al mismo tiempo, enfrentar inseguridad, salarios bajos, impuestos altos, desempleo, informalidad o pérdida de poder adquisitivo.
Para las agencias, el problema central no es si la población está satisfecha. El problema central es si el Estado puede pagar.
Por eso las calificadoras observan variables que muchas veces quedan lejos de la vida cotidiana del ciudadano: deuda sobre PIB, déficit fiscal, reservas internacionales, estabilidad monetaria, dolarización, crecimiento tendencial, inversión y gobernanza.
Esa distancia entre la mirada financiera y la experiencia ciudadana es una de las claves de esta saga."
Conclusión estratégica
- Moody’s Ratings mantiene a Uruguay en Baa1 con perspectiva estable, confirmando que el país sigue dentro del grado inversor y conserva confianza ante los mercados internacionales. Esa nota refleja estabilidad institucional, gobernanza efectiva, continuidad de reformas fiscales y monetarias, reservas internacionales y bajo riesgo político.
Pero el informe también deja una advertencia clara: Uruguay es confiable, pero limitado. La deuda cercana al 65% del PIB, el bajo nivel de inversión, el crecimiento tendencial moderado, la dolarización financiera y los déficits fiscales reducen el margen de maniobra del Estado.
La lectura estratégica es directa: Moody’s no castiga a Uruguay, pero lo observa con atención. La agencia reconoce la solidez institucional del país, pero exige señales de consolidación fiscal, más inversión, más crecimiento y menor dependencia del dólar.
En el fondo, Moody’s funciona como otro sensor del sistema financiero global. No gobierna Uruguay, no vota el presupuesto y no representa a la ciudadanía. Pero su evaluación puede influir en cuánto paga el Estado por endeudarse y en qué tan amplio o estrecho será el margen económico del gobierno.
Uruguay conserva soberanía política. Pero, mientras dependa del crédito internacional, su soberanía económica seguirá siendo observada, medida y condicionada por agencias como Moody’s Ratings.-
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