ISRAEL: DE CANAAN AL ESTADO MODERNO — PARTE 4





 

JOSUE Y LA CONQUISTA DE CANAAN

CHATGPT - "

Entre la guerra bíblica y la evidencia arqueológica

La arqueología contemporánea muestra un fuerte aumento de población en las tierras altas de Canaán durante la Edad del Hierro I y estudia diversas explicaciones para el surgimiento de Israel, no solamente el antiguo modelo de una conquista militar procedente del exterior.

Hazor, una de las ciudades centrales del relato de Josué, fue efectivamente destruida hacia finales de la Edad del Bronce, aunque la identidad de quienes provocaron aquella destrucción continúa siendo discutida.

INTRODUCCION

En la Parte 3 analizamos el Éxodo y llegamos a una conclusión prudente: la arqueología no confirma la salida de Egipto de una población gigantesca como la descrita literalmente por la Biblia, pero tampoco permite descartar que una comunidad menor procedente de Egipto terminara integrándose en el Israel naciente.

La siguiente etapa del relato bíblico comienza después de la muerte de Moisés.

Su sucesor es Josué.

Según el libro que lleva su nombre, Josué conduce a las tribus israelitas a través del río Jordán, entra en Canaán y desarrolla una serie de campañas militares que culminan con la derrota de numerosos reyes cananeos.

Jericó.

Ai.

Lachish.

Hazor.

Y muchas otras ciudades.

Durante gran parte del siglo XX, numerosos arqueólogos intentaron encontrar en aquellas ruinas la confirmación material de las campañas de Josué.

Los resultados terminaron siendo mucho más complejos.

1. JOSUE: EL SUCESOR DE MOISES

Según la tradición bíblica, Josué había acompañado a Moisés desde antes de la entrada en Canaán.

Su nombre hebreo, Yehoshua, contiene nuevamente el elemento divino:

YHWH — Yahvé.

Su significado aproximado es:

“Yahvé salva” o “Yahvé es salvación”.

El libro de Josué presenta al nuevo líder como continuador de Moisés. Pero su misión es diferente.

Moisés libera al pueblo y establece la alianza.

Josué debe ocupar la tierra prometida.

La narración comienza con el cruce del Jordán y continúa con campañas militares desarrolladas principalmente en tres grandes zonas: el centro, el sur y el norte de Canaán.

La primera gran ciudad enfrentada es también la más famosa.

2. JERICO Y LAS MURALLAS

Según Josué 6, los israelitas rodearon Jericó durante siete días. El séptimo día, después de marchar alrededor de la ciudad y hacer sonar las trompetas, las murallas se derrumbaron.

Jericó existió realmente.

Tell es-Sultan, junto a la actual Jericó, constituye uno de los asentamientos humanos permanentes más antiguos conocidos del mundo. UNESCO registra allí una sucesión extraordinaria de ocupaciones, incluyendo una importante ciudad cananea fortificada durante la Edad del Bronce Medio.

El problema aparece cuando intentamos relacionar aquellas fortificaciones con Josué.

Las excavaciones dirigidas por Kathleen Kenyon durante la década de 1950 modificaron profundamente la interpretación anterior del sitio. Las grandes estructuras defensivas que habían sido vinculadas con la conquista israelita pertenecían principalmente a períodos más antiguos.

Para el período en el que normalmente se situaría una posible llegada de los primeros israelitas —finales del siglo XIII a.C.— no existe una confirmación arqueológica clara de la gran ciudad amurallada descrita en Josué.

La preservación de los niveles tardíos de Jericó es además problemática debido a la erosión y a sucesivas ocupaciones, y existen debates sobre algunos restos de la Edad del Bronce Tardío.

Por eso debemos evitar dos afirmaciones igualmente excesivas:

“La arqueología demostró que Josué destruyó Jericó”.

No.

Pero también resulta excesivo afirmar:

“La arqueología demostró que jamás ocurrió absolutamente nada en Jericó”.

Lo que podemos decir es que hasta ahora no existe evidencia arqueológica segura que reproduzca el episodio bíblico tal como está narrado.

3. AI: UN PROBLEMA TODAVIA MAYOR

Después de Jericó, Josué ataca Ai.

La identificación más aceptada tradicionalmente para la ciudad bíblica es et-Tell, cerca de Betel.

Aquí el problema resulta mucho más serio.

Las excavaciones mostraron que la gran ciudad de et-Tell había sido destruida aproximadamente un milenio antes del período habitualmente asociado con Josué.

Durante buena parte de la Edad del Bronce Medio y Tardío no existía allí la ciudad fortificada que describe el relato bíblico. Una pequeña población volvió a establecerse aproximadamente hacia comienzos de la Edad del Hierro.

Si et-Tell es realmente la Ai bíblica, resulta extremadamente difícil interpretar la narración como una crónica militar literal.

Existe naturalmente otra posibilidad:

que la identificación arqueológica de Ai sea incorrecta.

Pero hasta ahora no se ha encontrado una alternativa que resuelva definitivamente el problema.

Ai constituye por ello uno de los argumentos más importantes contra la idea de una conquista militar de Canaán ocurrida exactamente ciudad por ciudad como aparece relatada en Josué.

4. HAZOR: EL CASO MAS INTERESANTE

Con Hazor sucede algo completamente diferente.

Hazor era enorme.

Durante la Edad del Bronce, Hazor fue una de las mayores y más influyentes ciudades cananeas del Levante meridional. En su apogeo llegó a extenderse sobre unas 80 hectáreas —una superficie excepcional para la región y la época— y ocupaba una posición estratégica sobre importantes rutas comerciales y militares que conectaban Egipto con Siria y Mesopotamia.

El propio libro de Josué la denomina:

“cabeza de todos aquellos reinos”.

Y afirma específicamente que Josué incendió Hazor.

La arqueología encontró efectivamente una violenta destrucción de la ciudad cananea hacia la transición entre la Edad del Bronce Tardío y la Edad del Hierro.

Grandes edificios fueron incendiados.

Estatuas fueron destruidas.

La ciudad monumental desapareció.

Aquí existe una coincidencia llamativa con el relato bíblico.

Pero falta el dato decisivo:

no sabemos quién la destruyó.

El arqueólogo Amnon Ben-Tor defendió durante años la posibilidad de que los primeros israelitas fueran responsables. Otros investigadores consideran posibles revueltas internas, conflictos regionales u otros grupos vinculados con el colapso general de las sociedades del Mediterráneo oriental.

Las investigaciones actuales siguen describiendo como no resuelta la identidad de quienes destruyeron la Hazor cananea.

Por tanto:

Hazor demuestra que una importante ciudad mencionada por Josué fue destruida violentamente aproximadamente durante el período adecuado.

Pero no demuestra que Josué fuera el responsable.

5. NO HUBO UNA UNICA OLA DE DESTRUCCION

Este punto resulta fundamental.

Si un gran ejército israelita hubiera avanzado rápidamente sobre Canaán conquistando sus ciudades aproximadamente durante una misma generación, podríamos esperar una serie relativamente coherente de niveles arqueológicos de destrucción.

Eso no es lo que encontramos.

Algunas ciudades fueron destruidas.

Otras continuaron existiendo.

Otras estaban prácticamente abandonadas.

Y otras fueron destruidas décadas después.

La crisis que transformó Canaán ocurrió durante aproximadamente los siglos XIII y XII a.C., coincidiendo además con el gran colapso de la Edad del Bronce en todo el Mediterráneo oriental.

Hazor fue destruida.

Lachish también terminó destruida, pero su destrucción final cananea se sitúa aproximadamente hacia mediados del siglo XII a.C., considerablemente después de otros acontecimientos.

El panorama regional indica que las destrucciones no fueron simultáneas, sino que se extendieron durante un período prolongado.

Eso difícilmente corresponde a una única campaña militar relámpago.

Se parece mucho más a una civilización atravesando décadas de guerras, migraciones, rebeliones, crisis económicas y desaparición del dominio egipcio.

6. LA PROPIA BIBLIA PRESENTA DOS IMAGENES

Existe además un detalle frecuentemente olvidado.

El propio texto bíblico no ofrece una imagen totalmente uniforme.

Algunos capítulos de Josué describen victorias absolutas.

Josué conquista regiones enteras.

Los reyes son derrotados.

La tierra parece estar prácticamente dominada.

Pero posteriormente, Josué 13 comienza diciendo que todavía quedaba:

“muchísima tierra por poseer”.

Y el libro de los Jueces reconoce directamente que numerosas poblaciones cananeas permanecieron dentro del territorio.

Jerusalén continuó bajo control jebuseo.

Los cananeos continuaron viviendo en Gezer.

Otros permanecieron en territorios atribuidos a Manasés, Efraín y diferentes tribus.

La literatura académica ha señalado precisamente esta tensión interna entre las expresiones de victoria total y los pasajes que reconocen una conquista incompleta.

Esto permite otra interpretación.

Las expresiones del tipo:

“destruyeron todo”

o

“no dejaron supervivientes”

formaban parte de la retórica militar del antiguo Cercano Oriente y no siempre deben interpretarse como estadísticas literales.

Reyes egipcios, asirios y otros gobernantes utilizaban fórmulas semejantes para presentar victorias como completas aunque posteriormente los enemigos reaparecieran.

El libro de Josué pudo utilizar ese mismo lenguaje antiguo de guerra.

7. ¿ENTONCES HUBO CONQUISTA O NO?

Probablemente hubo guerras.

Sería igualmente incorrecto imaginar que la transición de Canaán a Israel ocurrió pacíficamente en todas partes.

La arqueología demuestra destrucciones violentas en diferentes ciudades.

Las sociedades cananeas estaban colapsando.

El dominio egipcio desaparecía.

Los filisteos y otros grupos comenzaban a establecerse en nuevas regiones.

Comunidades rurales crecían en las tierras altas.

Dentro de ese escenario pudieron existir enfrentamientos entre grupos protoisraelitas y ciudades cananeas.

Lo que la arqueología cuestiona es otra cosa:

UNA UNICA CONQUISTA CENTRALIZADA Y RAPIDA DE TODA CANAAN.

El modelo que mejor encaja con la evidencia disponible es mucho más complejo.

Algunos israelitas probablemente procedían del propio mundo cananeo.

Otros grupos pudieron incorporarse desde fuera.

Algunas ciudades fueron conquistadas.

Otras desaparecieron por causas diferentes.

Algunas comunidades cananeas permanecieron durante generaciones junto a los israelitas.

Y progresivamente una nueva identidad política y religiosa comenzó a dominar determinadas regiones.

8. DE MUCHAS HISTORIAS A UNA HISTORIA NACIONAL

Aquí encontramos nuevamente el fenómeno que vimos con el Éxodo.

Una nación formada por diferentes comunidades necesita explicar su origen.

Generaciones después, diversos recuerdos locales pudieron integrarse dentro de una narración común.

Una ciudad destruida.

Una batalla.

Un líder tribal.

Una alianza.

Una migración.

Un conflicto contra un rey cananeo.

Todos esos recuerdos podían terminar asociados con una figura central:

JOSUE.

El libro de Josué transformó así un proceso histórico probablemente prolongado y fragmentado en una gran narración nacional.

Un pueblo.

Un líder.

Un Dios.

Una tierra.

Una conquista.

Eso no convierte automáticamente toda la obra en ficción.

Significa que estamos frente a literatura histórica antigua, escrita con objetivos religiosos, nacionales y teológicos muy diferentes de los de una investigación arqueológica moderna. Los propios estudios contemporáneos analizan el relato de conquista como memoria histórica y construcción de identidad, además de preguntarse qué acontecimientos reales pueden encontrarse detrás de él."

CONCLUSION ESTRATEGICA

-La arqueología no confirma una conquista de Canaán exactamente como aparece narrada en el libro de Josué.

Jericó presenta graves problemas cronológicos.

Ai presenta un problema todavía mayor.

Hazor, por el contrario, fue efectivamente destruida violentamente durante un período compatible con el surgimiento de Israel, aunque desconocemos quién la destruyó.

Y las demás ciudades cananeas no desaparecieron simultáneamente.

La evidencia apunta hacia décadas de transformación y no hacia una única campaña militar.

Pero eso tampoco significa que detrás del relato no existieran guerras reales.

El final de la Edad del Bronce fue extraordinariamente violento.

Ciudades fueron incendiadas.

Imperios retrocedieron.

Poblaciones migraron.

Las viejas estructuras políticas de Canaán se derrumbaron.

Y mientras ese mundo desaparecía, cientos de pequeñas comunidades comenzaron a consolidarse en las tierras altas.

De ese proceso estaba naciendo Israel.

La tradición reunió posteriormente aquellas experiencias bajo el liderazgo de Josué y convirtió una larga transición histórica en una epopeya fundacional.

La arqueología, por tanto, no nos presenta una Canaán conquistada de golpe.

Nos muestra algo quizá todavía más interesante:

UNA CIVILIZACION CANANEA QUE SE FRAGMENTA Y, DESDE SU INTERIOR, CONTRIBUYE AL NACIMIENTO DE UN NUEVO PUEBLO.

ISRAEL.

—

CONTINUARA…

PROXIMA ENTREGA:

ISRAEL: DE CANAAN AL ESTADO MODERNO — PARTE 5

LAS TRIBUS DE ISRAEL Y LA EPOCA DE LOS JUECES

Antes de los reyes, cuando Israel todavía era una confederación de tribus.

Fuentes principales: American Society of Overseas Research (ASOR), Cambridge University Press, UNESCO World Heritage Centre y Society of Biblical Literature.



Análisis elaborado en diálogo con ChatGPT, de OpenAI, a partir de fuentes arqueológicas, históricas y académicas de acceso público.

Comentarios

Entradas populares de este blog

SEGURIDAD PÚBLICA EN MONTEVIDEO - URUGUAY - Publicación especial

ANÁLISIS DE LA IA — LA REVOLUCIÓN SILENCIOSA DEL SIGLO XXI — Vigésimo primer informe (publicación especial)

LA OTRA CARA DEL MUNDIAL — Parte 3