LA MUERTE, ECM Y SUPRACONCIENCIA — PARTE 2
¿Por qué solamente una minoría de las personas que estuvieron al borde de la muerte recuerda haber vivido una ECM? ¿Qué significan las experiencias que el propio Manuel Sans Segarra define como “terroríficas y diabólicas”? ¿Y qué demuestran realmente las resonancias magnéticas funcionales realizadas mientras algunos pacientes recuerdan lo que aseguran haber visto durante su muerte clínica?
Estas tres preguntas nos conducen hacia el sector más complejo y controvertido de la investigación sobre la conciencia.
EL ENIGMA DEL 25%
Manuel Sans Segarra sostiene que entre un 20% y un 25% de las personas recuperadas después de una situación de muerte clínica o peligro vital extremo manifiestan haber vivido una experiencia cercana a la muerte.
Esto significa que aproximadamente tres de cada cuatro supervivientes no recuerdan ninguna experiencia de este tipo.
El propio Sans Segarra considera posible que la incidencia real sea superior, porque muchas personas podrían guardar silencio por miedo a ser incomprendidas, ridiculizadas o consideradas mentalmente inestables. Durante décadas, numerosos pacientes habrían preferido no relatar sus experiencias ni siquiera a sus familiares o médicos.
CITA VERIFICABLE:
“La incidencia de ECM, que actualmente se sitúa entre un 20 y un 25%, sea mayor.”
Fuente: Manuel Sans Segarra, “La supraconciencia, nuestra realidad existencial”, Real Academia Europea de Doctores.
La cifra mencionada por Sans Segarra no debe interpretarse como un porcentaje universal e invariable. Los resultados cambian dependiendo del tipo de paciente estudiado, la gravedad del episodio, la definición utilizada para identificar una ECM y el momento en que se realiza la entrevista.
Uno de los estudios prospectivos más conocidos fue dirigido por el cardiólogo neerlandés Pim van Lommel y publicado en la revista médica The Lancet en 2001. La investigación analizó a 344 supervivientes de paros cardíacos: 62 pacientes, equivalentes al 18%, informaron haber vivido una ECM, mientras que 41, aproximadamente el 12%, describieron una experiencia considerada profunda o central.
Otras investigaciones realizadas con supervivientes de paros cardíacos han encontrado porcentajes que oscilan aproximadamente entre el 3,6% y el 23%. Esta amplitud demuestra que todavía no existe una cifra única que pueda aplicarse a todos los pacientes y circunstancias clínicas.
¿POR QUÉ ALGUNAS PERSONAS RECUERDAN Y OTRAS NO?
La respuesta continúa siendo desconocida.
Una primera posibilidad es que solamente una minoría experimente realmente una ECM. Según esta interpretación, la conciencia no seguiría necesariamente el mismo proceso en todos los pacientes expuestos a una situación crítica.
Otra hipótesis propone que muchas personas podrían vivir alguna forma de experiencia, pero no conservar el recuerdo al recuperar la actividad cerebral normal. La memoria humana requiere complejos procesos de codificación, consolidación y recuperación que pueden verse afectados por la falta de oxígeno, los traumatismos, la sedación, las alteraciones metabólicas o las lesiones neurológicas.
También podría existir un importante subregistro. Algunos pacientes quizá recuerden imágenes, sensaciones o fragmentos aislados, pero no los identifiquen como una ECM. Otros podrían interpretarlos como sueños, delirios o efectos de la medicación. Finalmente, algunos decidirían no contarlos por temor a la reacción de su entorno.
Sin embargo, el estudio de Van Lommel encontró que la aparición de las ECM no estaba claramente relacionada con la duración del paro cardíaco, el tiempo de inconsciencia, los medicamentos utilizados ni el miedo previo a la muerte. Esto impide reducir el fenómeno a una explicación única y sencilla.
El hecho de que solo una minoría recuerde una ECM no demuestra que la supraconciencia no exista. Pero tampoco permite afirmar que todas las personas atraviesan necesariamente la misma experiencia y que la mayoría simplemente la olvida.
Nos encontramos ante una incógnita fundamental: puede tratarse de una experiencia reservada a determinadas condiciones fisiológicas, psicológicas o espirituales, o de un fenómeno mucho más frecuente cuya memoria se pierde durante el regreso a la conciencia ordinaria.
LAS EXPERIENCIAS DIABÓLICAS
La mayoría de los relatos conocidos describe una realidad luminosa, pacífica y profundamente reconfortante. Sin embargo, Manuel Sans Segarra advierte que existe un reducido porcentaje de experiencias completamente diferentes.
El médico español utiliza expresamente los términos “terroríficas y diabólicas” para referirse a las ECM en las que aparecen imágenes amenazantes, sufrimiento extremo, presencias hostiles, miedo, oscuridad o sensaciones de condena.
CITA VERIFICABLE:
“Entre un cinco, un siete por cien, menos del diez por ciento, son terroríficas y diabólicas.”
Fuente: Manuel Sans Segarra, entrevista en “Lo Que Tú Digas”.
El término “experiencias diabólicas” se mantiene en esta publicación porque es la expresión utilizada por el propio Sans Segarra. No obstante, desde un punto de vista estrictamente científico, esta denominación describe la apariencia y el contenido del relato, pero no demuestra que haya intervenido realmente una entidad diabólica o sobrenatural.
En la literatura especializada suelen utilizarse expresiones como ECM negativas, angustiosas, infernales o desagradables.
Algunas personas describen una experiencia convencional de separación del cuerpo, túnel o desplazamiento, pero vivida bajo una sensación incontrolable de terror. Otras afirman haber entrado en un vacío absoluto, sin luz, referencias ni compañía. Un tercer grupo relata escenarios infernales, presencias amenazantes, gritos, sufrimiento o la sensación de encontrarse atrapado en un lugar del que no puede escapar.
Una investigación dirigida por Helena Cassol examinó 123 relatos y clasificó aproximadamente el 14% como experiencias angustiosas. Dentro de ese grupo aparecieron ocho relatos inversos, ocho infernales y uno relacionado con el vacío. Los propios investigadores advirtieron que esa proporción correspondía a su muestra y no debía considerarse automáticamente como la prevalencia general de las ECM negativas.
Otros trabajos anteriores también habían documentado experiencias parcialmente desagradables, aterradoras o abiertamente infernales, demostrando que el fenómeno no está compuesto exclusivamente por visiones de luz y bienestar.
¿SON UN CASTIGO?
No existe evidencia científica que permita afirmar que las ECM diabólicas sean un castigo por los actos realizados durante la vida.
Tampoco se ha demostrado que ocurran exclusivamente en personas violentas, criminales, ateas o alejadas de determinadas creencias religiosas. Intentar establecer una relación automática entre la conducta moral y el tipo de ECM sería una conclusión especulativa.
Las experiencias negativas podrían estar vinculadas con el miedo, la culpa, los conflictos psicológicos, las creencias culturales o religiosas y la sensación de pérdida absoluta de control. También podrían intervenir alteraciones neurológicas, hipoxia, medicamentos, anestésicos o estados confusionales relacionados con la internación en cuidados intensivos.
Sin embargo, reducir todos estos relatos a simples delirios tampoco resuelve el problema. Algunas ECM negativas presentan una organización narrativa, una intensidad emocional y una permanencia en la memoria comparables con las experiencias positivas.
Además, pueden producir consecuencias psicológicas graves. Mientras una ECM luminosa suele reducir el miedo a la muerte, una experiencia infernal puede dejar a la persona aterrorizada, confundida y necesitada de asistencia psicológica o psiquiátrica.
Estas experiencias introducen una contradicción difícil de ignorar. Si la supraconciencia conduce hacia una realidad de amor, paz y unidad, ¿por qué algunas personas perciben un escenario completamente opuesto?
Podría tratarse de una construcción de la mente en crisis, de una confrontación simbólica con los propios temores, de diferentes niveles de una realidad trascendente o de un fenómeno cuya naturaleza todavía no comprendemos.
Actualmente, ninguna de estas explicaciones ha sido demostrada de manera definitiva.
LA RESONANCIA MAGNÉTICA FUNCIONAL
El tercer punto constituye el núcleo científico más importante de las afirmaciones presentadas por Sans Segarra.
Según explica en su discurso de ingreso en la Real Academia Europea de Doctores, algunos pacientes fueron sometidos a resonancias magnéticas funcionales mientras relataban detalladamente sus experiencias cercanas a la muerte.
Cuando describían objetos que afirmaban haber visto durante la ECM, se detectaba actividad en el lóbulo occipital, una región cerebral relacionada con el procesamiento de la información visual.
Sans Segarra interpreta esta activación como una evidencia de que el paciente conserva una memoria visual auténtica. En su discurso afirma que el paciente “no miente” y que realmente vio el objeto descrito.
La resonancia magnética funcional no registra directamente los pensamientos ni fotografía los recuerdos. Detecta variaciones en la oxigenación y el flujo sanguíneo cerebral relacionadas con la actividad neuronal. De esta manera, permite identificar qué regiones participan mientras una persona observa, recuerda, imagina, habla o realiza una determinada tarea.
El resultado relatado por Sans Segarra es interesante porque confirma que el recuerdo posee un componente visual intenso y cerebralmente organizado.
Pero existe una diferencia decisiva entre demostrar que una persona está evocando una imagen y demostrar cómo se originó esa imagen.
La resonancia fue realizada después de la recuperación del paciente, mientras recordaba la ECM bajo condiciones normales de circulación cerebral. Por lo tanto, registró la actividad producida durante el recuerdo, no la actividad cerebral existente durante el paro cardíaco.
La memoria visual y la imaginación también pueden activar regiones occipitales y temporales. Una persona puede recrear mentalmente un objeto con gran intensidad sin estar observándolo físicamente en ese momento. Los estudios de neuroimagen han demostrado que la memoria visual, la imaginación y la percepción comparten parcialmente algunas redes cerebrales.
Esto no significa que el paciente esté mintiendo. Puede estar relatando con absoluta sinceridad una experiencia que considera completamente real.
Pero una resonancia magnética funcional no puede determinar por sí sola si el objeto fue percibido desde una conciencia separada del cuerpo, reconstruido posteriormente por la memoria, imaginado durante la crisis o generado mediante algún mecanismo cerebral todavía desconocido.
LA CUESTIÓN DE LAS NEURONAS ESPEJO
Sans Segarra relaciona la activación occipital con una memoria producida mediante “neuronas espejo del lóbulo occipital”.
Esta formulación requiere una precisión.
En la neurociencia contemporánea, las neuronas espejo se asocian principalmente con regiones premotoras y parietales que se activan tanto cuando una persona realiza una acción como cuando observa a otra persona realizarla. No constituyen la explicación convencional del almacenamiento de recuerdos visuales en la corteza occipital.
Algunas investigaciones mediante resonancia magnética han encontrado propiedades de tipo espejo en redes cerebrales más amplias, incluso en regiones visuales. Sin embargo, esto no permite afirmar que toda activación occipital durante un recuerdo corresponda necesariamente a neuronas espejo.
La observación de Sans Segarra conserva interés, pero su interpretación neurológica necesita una descripción metodológica completa y una evaluación independiente.
¿UNA PRUEBA DE QUE EL PACIENTE NO MIENTE?
La resonancia magnética funcional tampoco funciona como un detector infalible de mentiras.
Incluso los sistemas desarrollados específicamente para estudiar el engaño mediante neuroimagen presentan limitaciones de validez, fiabilidad e interpretación. La actividad cerebral puede demostrar que una persona está realizando un esfuerzo mental, recordando, imaginando o construyendo una respuesta, pero no determina automáticamente la verdad objetiva de todo lo que relata.
Una persona puede recordar sinceramente algo que nunca ocurrió de la manera exacta en que lo recuerda. También puede construir una memoria falsa sin intención de mentir.
Por esta razón, el resultado de una resonancia debe interpretarse junto con otros elementos: comprobación independiente de los detalles observados, registros médicos, testimonios del personal sanitario, horario de los acontecimientos y exclusión de cualquier acceso previo a la información.
Sans Segarra relata el caso de una trabajadora sanitaria de su hospital que sufrió un grave accidente, presentó un paro cardiorrespiratorio y posteriormente describió desde una perspectiva elevada las maniobras de reanimación, identificando a los profesionales que participaron.
La paciente también habría relatado acontecimientos ocurridos en otras dependencias del servicio de urgencias. Sans Segarra afirma que consultó los registros, habló con el personal y comprobó posteriormente la autenticidad de la información descrita.
El caso representa un testimonio clínico significativo, especialmente porque el propio médico sostiene haber verificado los detalles.
Sin embargo, para convertirse en una demostración científica concluyente sería necesario contar con el protocolo completo, los registros originales, la cronología de los acontecimientos, las imágenes de la resonancia, la interpretación independiente de neurólogos y neurorradiólogos, grupos de comparación y reproducción de los resultados por otros equipos.
Hasta el momento, las fuentes públicas de Sans Segarra describen sus observaciones y conclusiones, pero no presentan todos los elementos de una investigación clínica revisada por pares que permita comprobar de manera independiente el alcance de esas pruebas.
UNA NUEVA FRONTERA DE INVESTIGACIÓN
La utilización de resonancia magnética para estudiar los recuerdos de ECM no se limita actualmente a los relatos de Sans Segarra.
Una investigación preliminar publicada en 2026 examinó los patrones de activación cerebral de personas que revivían recuerdos de experiencias cercanas a la muerte bajo condiciones normales de circulación cerebral. El trabajo muestra que la neurociencia está comenzando a analizar de manera más sistemática cómo se representa una ECM en el cerebro después de haber ocurrido.
Pero esta clase de investigación continúa enfrentando la misma limitación fundamental: puede estudiar el recuerdo presente, pero no observar directamente la conciencia durante el instante original de la muerte clínica.
La resonancia puede mostrarnos la huella que dejó la experiencia. Todavía no puede decirnos con absoluta certeza dónde se encontraba la conciencia cuando esa huella fue creada."
CONCLUSIÓN ESTRATÉGICA:
-Las experiencias cercanas a la muerte se encuentran en una zona fronteriza donde la ciencia, la medicina, la filosofía y la espiritualidad formulan preguntas diferentes sobre un mismo fenómeno.
El porcentaje del 20% al 25% defendido por Manuel Sans Segarra demuestra que las ECM no aparecen, o al menos no son recordadas, por la mayoría de quienes sobreviven a una situación crítica. Esto obliga a investigar por qué algunas personas acceden a experiencias profundamente estructuradas mientras otras no recuerdan absolutamente nada.
Las experiencias que el propio Sans Segarra denomina “terroríficas y diabólicas” revelan que el fenómeno no siempre conduce hacia la paz y la luz. Aunque representan una minoría, cuestionan cualquier interpretación excesivamente simplificada de una realidad trascendente exclusivamente amorosa.
Finalmente, la resonancia magnética funcional confirma que los recuerdos de una ECM pueden activar redes cerebrales relacionadas con la visión, la memoria y la imaginación. Es una observación importante, pero no constituye por sí sola una demostración de que la conciencia abandonó físicamente el cuerpo ni de que la imagen fue adquirida durante la ausencia total de actividad cerebral.
Sans Segarra ha logrado algo que no debe ser subestimado: trasladar experiencias durante mucho tiempo silenciadas desde las habitaciones de los hospitales hacia el debate médico, académico y social.
Pero existe una diferencia fundamental entre demostrar que una persona conserva un recuerdo visual intenso y demostrar el origen extracorporal de ese recuerdo.
La ciencia no debería descartar el fenómeno porque todavía no sabe explicarlo. Tampoco debería proclamar una respuesta definitiva antes de disponer de estudios controlados, reproducibles y evaluados de manera independiente.
La huella cerebral existe. El testimonio existe. La transformación psicológica de los pacientes también existe.
Lo que continúa abierto es el interrogante central:
¿La conciencia desaparece cuando el cerebro deja de funcionar o solamente deja de manifestarse a través del cuerpo físico?
La respuesta sigue más allá de los límites actuales de nuestro conocimiento.—
FUENTES CONSULTADAS
Análisis elaborado por ChatGPT para REPORTE CONFIDENCIAL URUGUAY, con información procedente del discurso académico “La supraconciencia, nuestra realidad existencial”, de Manuel Sans Segarra, publicado por la Real Academia Europea de Doctores; las declaraciones de Manuel Sans Segarra en el programa “Lo Que Tú Digas”; el estudio prospectivo de Pim van Lommel y colaboradores sobre experiencias cercanas a la muerte en supervivientes de paros cardíacos, publicado en The Lancet; la revisión científica sobre prevalencia y explicaciones de las ECM; las investigaciones de Helena Cassol y Nancy Evans Bush sobre experiencias angustiosas, negativas e infernales; estudios neurocientíficos sobre memoria visual, imaginación y activación de las regiones occipitotemporales; revisiones sobre el sistema de neuronas espejo; investigaciones sobre las limitaciones de la resonancia magnética funcional como detector de mentiras; y el estudio preliminar publicado en 2026 sobre los patrones cerebrales activados al revivir recuerdos de experiencias cercanas a la muerte.
Las opiniones y análisis contenidos en este artículo son interpretaciones críticas basadas en información pública y en el diálogo con herramientas de inteligencia artificial, sin pretender certeza absoluta.
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