LOS ESCÁNDALOS DEL IOR Y EL VATICANO — PARTE 3

 


CAPÍTULO A — 60 SLOANE AVENUE: EL NEGOCIO QUE ABRIÓ OTRA CRISIS FINANCIERA EN EL VATICANO

FUENTES PRINCIPALES:

Tribunal del Estado de la Ciudad del Vaticano — Comunicado sobre la sentencia del 16 de diciembre de 2023: el tribunal identifica la inversión de USD 200,5 millones, la responsabilidad atribuida en primera instancia y la estructura básica de la operación.

High Court of Justice de Inglaterra y Gales — Athena Capital Fund y otros vs. Secretariat of State of the Holy See, sentencia de 21 de febrero de 2025: documentación judicial independiente sobre las relaciones entre Mincione, la Secretaría de Estado y 60 Sloane Avenue.

De una inversión de 200 millones de dólares a uno de los procesos judiciales más extraordinarios de la historia reciente de la Santa Sede

CHATGPT - " Durante décadas, cuando se hablaba de escándalos financieros vaticanos aparecían inevitablemente los nombres del IOR, Banco Ambrosiano, Roberto Calvi o el arzobispo Paul Marcinkus.

Pero varias décadas después, otro episodio volvió a colocar las finanzas de la Santa Sede bajo una lupa internacional.

Esta vez el escenario no estaba en Roma.

Estaba en Londres.

La dirección era aparentemente inocente:

60 Sloane Avenue.

Un enorme inmueble situado en Chelsea, una de las zonas más caras de la capital británica, que había estado vinculado anteriormente a Harrods y que debía transformarse mediante un ambicioso proyecto inmobiliario.

Detrás de aquella dirección terminarían apareciendo cientos de millones de euros, fondos de inversión, intermediarios financieros, sociedades, valoraciones inmobiliarias discutidas, operaciones internacionales y, finalmente, un cardenal sentado ante un tribunal del propio Vaticano.

Su nombre:

Giovanni Angelo Becciu.


EL HOMBRE QUE OCUPABA UNO DE LOS PUESTOS MÁS PODEROSOS DEL VATICANO

Para comprender la dimensión del caso es necesario comprender primero quién era Becciu.

No se trataba de un funcionario secundario.

Cuando comenzó la operación financiera que terminaría vinculándose con 60 Sloane Avenue, Becciu ocupaba el cargo de Sustituto para los Asuntos Generales de la Secretaría de Estado.

En términos prácticos, era uno de los funcionarios más poderosos de la administración vaticana.

Reuters lo describiría posteriormente como quien ocupaba la posición número dos dentro de la Secretaría de Estado cuando comenzaron las inversiones relacionadas con el fondo administrado por el financiero Raffaele Mincione.

Y aquí comienza la historia financiera.

Entre 2013 y 2014, la Secretaría de Estado destinó 200,5 millones de dólares a la suscripción de participaciones de Athena Capital Commodities, un fondo relacionado con el financiero italiano Raffaele Mincione.

No se trata de una cifra elaborada por periodistas o adversarios de Becciu.

Es la cifra consignada por el propio Tribunal del Estado de la Ciudad del Vaticano al comunicar su sentencia de diciembre de 2023.

Según aquel tribunal, la operación fue realizada por decisión de Becciu y representaba aproximadamente un tercio de los fondos disponibles de la Secretaría de Estado en aquel momento.

Ese dato cambia completamente la dimensión del caso.

No era una inversión marginal.

No era una pequeña porción de una gigantesca cartera diversificada.

Era una concentración extraordinariamente importante de recursos.


200.500.000 DÓLARES

Conviene detenerse en esa cifra.

El Tribunal vaticano sostuvo que Athena Capital presentaba características altamente especulativas y un elevado riesgo para el capital, mientras que la Secretaría de Estado carecía de posibilidades efectivas de controlar su gestión.

Aquí aparece una de las primeras preguntas fundamentales de nuestra investigación:

¿Por qué una institución religiosa y diplomática estaba destinando semejante proporción de sus recursos a un fondo de inversión con esas características?

La pregunta no implica que invertir sea ilícito.

Tampoco significa que una institución religiosa deba conservar todo su patrimonio inmovilizado.

La Santa Sede administra bienes, mantiene representaciones diplomáticas, financia estructuras internacionales y necesita gestionar reservas.

El problema es otro.

El problema es la relación entre:

capital invertido,

riesgo asumido,

mecanismos de supervisión,

experiencia financiera,

y concentración de recursos.

Y eso sería precisamente lo que terminaría explotando años después.


ENTRA EN ESCENA RAFFAELE MINCIONE

Raffaele Mincione era un financiero italiano establecido en Londres.

A través de estructuras de inversión vinculadas a Athena, gestionó importantes cantidades pertenecientes a la Secretaría de Estado.

Parte de aquella inversión terminó relacionada con una oportunidad inmobiliaria particularmente atractiva:

60 Sloane Avenue.

El inmueble había sido adquirido en 2012 por una empresa relacionada con Mincione por aproximadamente 129,5 millones de libras, más alrededor de ocho millones en costes, según los antecedentes posteriormente examinados por tribunales británicos.

El proyecto contemplaba reconvertir el enorme edificio en un desarrollo inmobiliario de alta gama.

Para Londres, semejante estrategia no resultaba excepcional.

Propiedades adquiridas, reformadas y posteriormente vendidas o explotadas en algunos de los distritos más cotizados del mundo pueden producir enormes rentabilidades.

Pero también pueden generar pérdidas gigantescas.

Especialmente cuando intervienen:

cambios regulatorios,

permisos urbanísticos,

costes de transformación,

financiación,

apalancamiento,

intermediarios,

y valoraciones optimistas sobre beneficios futuros.

La Santa Sede había entrado en un mundo financiero considerablemente más complejo que la simple adquisición de un edificio.


EL VATICANO NO COMPRÓ INMEDIATAMENTE TODO EL EDIFICIO

Este punto es importante porque muchas reconstrucciones periodísticas simplifican el episodio diciendo:

“el Vaticano compró un edificio en Londres”.

La realidad fue bastante más compleja.

Inicialmente la Santa Sede adquirió indirectamente una participación en la propiedad mediante su inversión con Mincione.

En 2014, la Secretaría de Estado obtuvo aproximadamente un 45 % de participación económica en el inmueble, según los antecedentes posteriormente examinados por la justicia británica.

El Vaticano todavía no controlaba completamente 60 Sloane Avenue.

Ese paso llegaría después.

Y sería precisamente cuando la relación con Mincione comenzó a deteriorarse cuando el caso entraría en una fase todavía más extraordinaria.


UNA CIFRA QUE NO DEBEMOS CONFUNDIR

Nuestros lectores probablemente encontrarán dos cantidades diferentes cuando investiguen este caso:

200,5 millones de dólares

y

aproximadamente 350 millones de euros.

No representan exactamente lo mismo.

Los 200,5 millones corresponden a la inversión inicial examinada específicamente por el Tribunal vaticano en relación con Athena.

Los aproximadamente 350 millones de euros aparecen habitualmente como una estimación del volumen económico acumulado de la operación londinense a través de sus distintas etapas. Reuters utilizó precisamente esa cifra al reconstruir posteriormente todo el negocio.

Esta distinción es fundamental.

Porque evita uno de los errores habituales cuando se cuentan escándalos financieros: sumar cifras pertenecientes a diferentes etapas y presentarlas como si fueran un único desembolso.


EL PROBLEMA NO ERA LONDRES

Aquí aparece quizá la primera gran enseñanza del caso.

Comprar propiedades en Londres no constituye ningún escándalo.

Invertir en fondos tampoco.

Utilizar gestores externos tampoco.

Lo verdaderamente relevante es cómo se tomaron las decisiones y qué mecanismos existían para controlar semejantes cantidades de dinero.

El propio tribunal vaticano concluiría posteriormente que Becciu había intervenido directamente en la decisión de destinar los 200,5 millones de dólares al fondo de Mincione.

En las motivaciones posteriores de la sentencia, el tribunal sostuvo que Becciu había recibido información suficiente para conocer los riesgos y, aun así, había autorizado la operación. Reuters señaló además que los documentos analizados utilizaban numerosas veces el término “riesgo”.

Becciu ha rechazado desde entonces las acusaciones y sostiene su inocencia.

Y este punto debe quedar absolutamente claro:

su condena de primera instancia no representa actualmente el final de la historia judicial.

En marzo de 2026, el Tribunal de Apelaciones del Vaticano detectó importantes irregularidades procesales, declaró parcialmente nulas determinadas actuaciones y ordenó repetir partes del procedimiento, señalando deficiencias relacionadas, entre otras cuestiones, con el acceso de las defensas al expediente completo.

Ese terremoto judicial merecerá un capítulo independiente de esta investigación.

Porque produce una situación fascinante:

puede analizarse la desastrosa administración financiera del negocio sin asumir que todas las responsabilidades penales originalmente establecidas terminarán siendo confirmadas.

Son dos cuestiones distintas.


NO FUE EL IOR

También debemos derribar aquí otra posible confusión.

El Instituto para las Obras de Religión —el famoso IOR— no fue quien realizó la operación de 60 Sloane Avenue.

Los fondos pertenecían a la Secretaría de Estado de la Santa Sede.

¿Por qué entonces incluimos este caso dentro de nuestra saga LOS ESCÁNDALOS DEL IOR Y EL VATICANO?

Porque nuestra investigación ya no estudia únicamente una institución bancaria.

Estudia algo mucho mayor:

la relación histórica entre el poder religioso del Vaticano y la administración de enormes recursos económicos.

Ambrosiano representó una época.

Marcinkus representó una época.

60 Sloane Avenue pertenece a otra.

Los mecanismos cambiaron.

Las estructuras financieras se sofisticaron.

Pero volvió a aparecer la misma pregunta:

¿quién controla a quienes administran el dinero dentro del Vaticano?


DE ROMA A LONDRES

Para 2018, la relación entre la Secretaría de Estado y Mincione estaba deteriorándose.

El Vaticano quería recuperar el control de su inversión.

Y tomó una decisión aparentemente lógica:

salir del fondo y quedarse directamente con el inmueble.

Parecía una forma de terminar el problema.

En realidad, estaba comenzando otro.

Porque en aquel momento aparecería un segundo financiero:

Gianluigi Torzi.

El Vaticano pretendía utilizarlo como intermediario para liberarse de Mincione y adquirir completamente 60 Sloane Avenue.

Pero la estructura societaria diseñada para realizar aquella operación contenía una particularidad extraordinaria.

Miles de acciones daban propiedad económica.

Un reducido grupo de acciones otorgaba el verdadero control.

Y esas acciones quedaron inicialmente en manos de Torzi.

La Santa Sede descubriría entonces que había gastado una fortuna para convertirse aparentemente en propietaria de un edificio...

sin controlar todavía plenamente la sociedad que lo poseía.

Allí comienza el siguiente capítulo.


CONCLUSIÓN ESTRATÉGICA

—El escándalo de 60 Sloane Avenue no comenzó con una bolsa de dinero escondida, una cuenta clandestina ni una transferencia secreta.

Comenzó de una manera mucho más moderna.

Con una inversión.

Un fondo.

Un asesor financiero.

Una oportunidad inmobiliaria.

Contratos.

Sociedades.

Valoraciones.

Y decisiones adoptadas desde una de las instituciones más poderosas de la Santa Sede.

Eso es precisamente lo que vuelve al caso particularmente relevante.

Porque demuestra que los grandes escándalos financieros del siglo XXI no necesariamente se parecen a los del siglo XX.

Ya no necesitan maletines.

Pueden construirse mediante productos financieros perfectamente reconocibles dentro de los mercados internacionales.

La pregunta verdaderamente incómoda no es por qué el Vaticano quería ganar dinero con un inmueble londinense.

La pregunta es:

¿cómo pudo comprometer una proporción tan extraordinaria de sus recursos sin poseer los mecanismos de control capaces de protegerlos?

En 60 Sloane Avenue, la Santa Sede creyó estar entrando en uno de los mercados inmobiliarios más prestigiosos del planeta.

En realidad, estaba entrando en uno de los mayores laberintos financieros y judiciales de su historia reciente.—

Análisis realizado por CHATGPT (OpenAI). Fuentes: Oficina de Prensa de la Santa Sede (press.vatican.va), Tribunal del Estado de la Ciudad del Vaticano, Vatican News, Reuters, Associated Press (AP), High Court of Justice de Inglaterra y Gales / Judiciary.uk, The Times, Catholic World Report, EWTN News, Crux, OSV News y The Catholic Register; además de documentación pública relacionada con Giovanni Angelo Becciu, Raffaele Mincione y la operación inmobiliaria de 60 Sloane Avenue.



Las opiniones y análisis contenidos en este artículo son interpretaciones críticas basadas en información pública y en el diálogo con herramientas de inteligencia artificial, sin pretender certeza absoluta.


Comentarios

Entradas populares de este blog

SEGURIDAD PÚBLICA EN MONTEVIDEO - URUGUAY - Publicación especial

ANÁLISIS DE LA IA — LA REVOLUCIÓN SILENCIOSA DEL SIGLO XXI — Vigésimo primer informe (publicación especial)

LA OTRA CARA DEL MUNDIAL — Parte 3