PORFIRIA TIPO GÜNTHER — Publicación especial

 


La enfermedad que la ciencia confundió con vampirismo

Entre los siglos XII y XV, el vampirismo fue en Europa del Este una preocupación social real, no una curiosidad de sobremesa. Siglos después, en 1985, un bioquímico canadiense creyó encontrar la explicación biomédica de ese miedo antiguo en una enfermedad rarísima de la sangre. Esta publicación recorre la porfiria tipo Günther, la teoría que la vinculó al mito del vampiro, y por qué esa misma teoría terminó desacreditada por la ciencia que la produjo.

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1. Introducción: qué es la porfiria y por qué a la variante de Günther se la conoce como "la enfermedad de los vampiros"

Las porfirias son un grupo de enfermedades metabólicas hereditarias que afectan la síntesis del grupo hemo, el componente de la hemoglobina encargado de transportar oxígeno en la sangre. Cuando las porfirinas —las proteínas involucradas en ese proceso— se acumulan en el organismo en niveles anormales, aparece la enfermedad (El Telégrafo, 2015). 

Existen varias formas de porfiria, pero una en particular, la porfiria eritropoyética congénita, conocida también como el mal de Günther, es la que terminó asociada popularmente al mito del vampiro por la particularidad de sus síntomas.


2. El mal de Günther en detalle

Se trata de una enfermedad extremadamente rara: apenas se han documentado alrededor de doscientos casos en toda la literatura médica, con una incidencia estimada de una persona cada dos o tres millones (Imagen Global, 2019). 

Sus síntomas son los que le dieron ese apodo tan particular: fotosensibilidad extrema, al punto de que la exposición al sol provoca ampollas y úlceras en la piel; hipertricosis, un crecimiento excesivo de vello, sobre todo en el rostro y el dorso de las manos; y eritrodoncia, una coloración rojiza o marrón en los dientes causada por el depósito de porfirinas en el esmalte dental (Brunete Lorenzo et al., Más Dermatología, 2014).

A eso se suma un dato que profundiza el parecido: la retracción progresiva de labios y encías hace que los dientes, y en particular los caninos, parezcan alargados como colmillos. Con los años, la enfermedad produce además una mutilación facial progresiva —pérdida de cartílago en nariz y orejas, piel curtida y engrosada con lesiones verrugosas— y en los recién nacidos, el primer signo suele ser una orina de color rojizo (El Telégrafo, 2015).


3. Una aclaración de cronología que cambia el sentido del artículo

Acá está el matiz que corregíamos antes de arrancar, Enrique, y que vale la pena dejar explícito en el propio texto para el lector. El folclore vampírico no nació junto con esta enfermedad: entre los siglos XII y XV, en Europa del Este, el vampirismo ya era una preocupación social y un tema de debate real (Díaz Rosales y Romo, Boletín Mexicano de Historia y Filosofía de la Medicina, 2007). 

La porfiria de Günther, en cambio, recién fue documentada clínicamente en 1874 y bautizada con el nombre de Hans Günther en 1911 —es decir, casi setecientos años después de que el miedo al vampiro ya circulara en la cultura popular europea.


4. La teoría de David Dolphin (1985)

La conexión entre ambas cosas es, entonces, una construcción mucho más reciente de lo que el sentido común sugiere. En mayo de 1985, el bioquímico canadiense David Dolphin, de la Universidad de Columbia Británica, presentó ante la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia un trabajo titulado "Porfiria, vampiros y hombres lobo: la etiología de las leyendas europeas de metamorfosis", que tuvo repercusión inmediata en medios como el New York Times (Noctalium, 2019).

Dolphin proponía que la fotosensibilidad de los enfermos explicaba la supuesta aversión de los vampiros a la luz solar, que la eritrodoncia y la retracción de encías explicaban los colmillos, y que ciertos compuestos del ajo podían agravar los síntomas de la enfermedad, explicando así la aversión legendaria de los vampiros a esa planta. El punto más polémico de su hipótesis fue sugerir que estos pacientes, históricamente, podrían haber buscado alivio bebiendo sangre —un intento de vincular directamente el mito con una conducta clínica real (Saberia, 2010).


5. Por qué la teoría cayó en descrédito

Con el paso de los años, la propuesta de Dolphin fue perdiendo respaldo científico. El problema central es fisiológico: el intestino humano no puede absorber el grupo hemo que se ingiere por vía oral, de modo que beber sangre no alivia en absoluto los síntomas de la porfiria, contrariamente a lo que Dolphin sostenía (Más Dermatología, 2014). 

Divulgadores como el columnista Cecil Adams señalaron públicamente estas inconsistencias, y hoy la comunidad médica considera la teoría de Dolphin una hipótesis atractiva mediáticamente pero débil en su sustento científico (Noctalium, 2019).


6. El eco en la cultura: Drácula, de Bram Stoker

Hay una coincidencia temporal que vale la pena señalar: la novela Drácula de Bram Stoker fue publicada en 1897, casi noventa años antes de que Dolphin formulara su teoría. Stoker no estaba pensando, ni podía estarlo, en la porfiria de Günther al escribir a su personaje. Sin embargo, la descripción física del conde —palidez extrema, aversión a la luz y al ajo— coincide de un modo llamativo con los síntomas de esta enfermedad, y esa coincidencia retrospectiva es, en gran medida, lo que le dio fuerza cultural a la teoría de Dolphin un siglo después (Saberia, 2010).


7. Lectura filosófica de cierre

Este recorrido conecta de manera directa con lo que cerrábamos en Los Solomonari. Así como una comunidad campesina construyó toda una hermandad de magos para explicar lo que no podía controlar —el clima, el rayo, la tormenta—, la ciencia moderna, casi un siglo más tarde, construyó su propia explicación ordenada y aparentemente racional para un miedo folclórico centenario. Y esa explicación, con el tiempo, resultó tan poco sólida como el mito que pretendía reemplazar. El impulso de explicar no desaparece con el método científico: simplemente cambia de vestuario, tal como cerrábamos la publicación anterior. El mito del vampiro y la teoría que intentó desmontarlo científicamente terminan siendo, en el fondo, dos capítulos de la misma historia: la necesidad humana de encontrarle un nombre ordenado a lo que asusta."

CONCLUSIÓN ESTRATÉGICA:

—La porfiria de Günther y su relación con el mito del vampiro son, en definitiva, un caso de estudio sobre cómo se construyen las explicaciones humanas frente a lo desconocido. Primero fue el miedo medieval, sin nombre médico, sostenido durante siglos por el folclore de Europa del Este. Después llegó la ciencia, en 1985, con una hipótesis ordenada que prometía cerrar el enigma de una vez por todas. Y finalmente llegó el desmentido, cuando la propia comunidad científica encontró que esa hipótesis no resistía el escrutinio que ella misma exigía.

Lo más interesante no es si los vampiros "existieron" en la forma de enfermos de porfiria, sino la secuencia completa: mito, ciencia, y luego la revisión crítica de esa ciencia. Es el mismo patrón que cerraba la publicación de los Solomonari, pero visto desde el ángulo opuesto: allá, un fenómeno natural incomprendido generaba una mitología; acá, una mitología antigua generó, siglos después, su propia pseudociencia explicativa. En ambos casos, la pregunta de fondo es la misma: qué tan dispuestos estamos a aceptar una explicación prolija, aunque no resista del todo la evidencia, con tal de dejar de tenerle miedo a lo que no entendemos.—




Fuentes consultadas: Díaz Rosales, Juan y Romo, Jesús E., "Mitos y ciencia: Porfiria y vampirismo", Boletín Mexicano de Historia y Filosofía de la Medicina (2007); El Telégrafo (2015); Brunete Lorenzo, C. et al., "Porfirias y vampirismo", Más Dermatología (2014); Saberia (2010); Noctalium (2019); Imagen Global (2019). 

Las opiniones y análisis contenidos en este artículo son interpretaciones críticas basadas en información pública, literatura médica divulgativa y en el diálogo con herramientas de inteligencia artificial, sin pretender certeza absoluta, especialmente respecto de una teoría —la de David Dolphin— que la propia comunidad científica considera hoy mayormente desacreditada

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