ANÁLISIS DE LA IA — LA REVOLUCIÓN SILENCIOSA DEL SIGLO XXI — Trigésimo primer informe

 




EL CEREBRO DE UNA MOSCA EN UNA COMPUTADORA: DE MALECNS A DOOM, MARIO Y LOS PRIMEROS EXPERIMENTOS DE EMULACIÓN NEURAL

CHATGPT - " 

1. Introducción: cuando un cerebro deja de ser solamente biología

Durante décadas, uno de los grandes sueños de la neurociencia y de la inteligencia artificial pareció pertenecer más a la ciencia ficción que al laboratorio:

reconstruir un cerebro con suficiente precisión como para trasladar su arquitectura a una computadora.

En septiembre de 2026 ese sueño dio un nuevo paso.

Investigadores vinculados al Howard Hughes Medical Institute Janelia, Google Research, la Universidad de Cambridge y otros centros publicaron el MaleCNS, una reconstrucción prácticamente completa del sistema nervioso central de una mosca macho adulta Drosophila melanogaster.

El mapa contiene aproximadamente 166.700 neuronas y 124,2 millones de conexiones sinápticas, distribuidas desde el cerebro hasta el cordón nervioso que controla buena parte de los movimientos del animal.

Pero lo verdaderamente extraordinario ocurrió después.

Los datos fueron liberados.

Y desarrolladores de todo el mundo comenzaron a hacer algo que los científicos probablemente no habían imaginado como primera aplicación:

poner aquel sistema nervioso reconstruido a controlar DOOM, Super Mario 64, Minecraft e incluso experimentos de robótica.

La pregunta dejó entonces de ser solamente:

¿podemos mapear un cerebro?

Y pasó a ser:

¿qué ocurre cuando ese mapa empieza a ejecutar acciones dentro de otro mundo?

2. MaleCNS: 166.700 neuronas reconstruidas una por una

MaleCNS es mucho más que una imagen tridimensional del cerebro de una mosca.

Es un connectoma.

Un connectoma intenta representar qué neuronas están conectadas con cuáles y mediante cuántas sinapsis.

Para construirlo, el sistema nervioso fue obtenido mediante microscopía electrónica a resolución extremadamente alta. Algoritmos de inteligencia artificial ayudaron a segmentar las estructuras neuronales y convertir enormes cantidades de imágenes bidimensionales en reconstrucciones tridimensionales.

Pero la automatización no fue suficiente.

Los investigadores tuvieron que inspeccionar y corregir manualmente las reconstrucciones. El propio artículo estima que el trabajo de revisión equivalió aproximadamente a 44 años-persona.

El resultado es un grafo neuronal gigantesco:

166.483 neuronas conectadas,

aproximadamente 25,6 millones de pares neuronales conectados,

y unos 124,2 millones de contactos sinápticos incluidos en la reconstrucción revisada.

Por primera vez, es posible seguir circuitos completos desde determinadas entradas sensoriales hasta neuronas motoras dentro del mismo sistema nervioso de una mosca adulta.

Eso cambia completamente las posibilidades experimentales.

3. Pero MaleCNS no fue el comienzo: FlyWire abrió la puerta

El precedente inmediato llegó en 2024.

El consorcio FlyWire publicó en Nature el connectoma completo del cerebro de una mosca adulta hembra.

Aquel trabajo reconstruyó:

139.255 neuronas

y aproximadamente

54,5 millones de sinapsis.

FlyWire fue una revolución porque permitió por primera vez explorar prácticamente todo el cerebro adulto de una mosca como una enorme red navegable.

Pero MaleCNS añadió algo decisivo:

el cordón nervioso ventral.

En términos muy simplificados, FlyWire ofrecía un extraordinario mapa del cerebro.

MaleCNS permite seguir con mucha mayor continuidad el camino:

sensación → procesamiento neuronal → acción motora.

Y esa diferencia es precisamente lo que hizo tan atractivos estos datos para quienes querían conectar el sistema nervioso digital con mundos virtuales.

4. Qué significa realmente “digitalizar un cerebro”

Aquí debemos frenar el entusiasmo durante un momento.

Un connectoma no es un cerebro completo digitalizado.

Es su diagrama de conexiones.

Podríamos compararlo con tener el plano extremadamente detallado de una computadora:

sabemos qué componente está conectado a cuál,

pero eso no significa automáticamente conocer todo el estado eléctrico, químico y dinámico que existe en cada instante dentro de esa máquina.

El connectoma no captura completamente factores como:

concentraciones moleculares,

estado metabólico,

expresión genética,

todos los mecanismos neuromoduladores,

plasticidad sináptica,

historia individual,

estado fisiológico,

ni todas las interacciones entre cerebro, cuerpo y ambiente.

Por eso los desarrolladores deben añadir un modelo matemático de neurona.

Uno de los más utilizados en estos experimentos es el modelo denominado leaky integrate-and-fire.

Cada neurona recibe señales.

Las acumula.

Pierde gradualmente parte de esa actividad.

Y cuando supera un determinado umbral, “dispara”.

Es una simplificación enorme respecto de una neurona biológica.

Pero permite que 166.000 neuronas conectadas según la arquitectura real comiencen a producir actividad computacional.

Y ahí ocurre algo extraordinario:

el connectoma deja de ser un mapa estático.

Empieza a comportarse como una red dinámica.

5. Eon Systems: darle un cuerpo al cerebro

Incluso antes de la publicación de MaleCNS, una empresa llamada Eon Systems ya estaba intentando dar el siguiente paso.

En marzo de 2026 tomó el connectoma femenino de FlyWire, le aplicó modelos neuronales simplificados y conectó su actividad con NeuroMechFly, una simulación biomecánica extremadamente detallada del cuerpo de una mosca.

El resultado fue una mosca virtual cuyo cerebro simulado recibía información y enviaba señales hacia un cuerpo físico simulado dentro de un entorno digital. Eon reconoce expresamente que el proyecto continúa siendo experimental y que existen importantes componentes construidos o aproximados por los investigadores.

Eso es importante.

Porque aquí aparece por primera vez algo diferente de simplemente estudiar neuronas en una pantalla.

Existe un circuito:

entorno → sentidos → cerebro → cuerpo → entorno.

La mosca virtual percibe.

Su red neuronal produce actividad.

La actividad genera movimientos.

Los movimientos modifican el entorno.

Y el nuevo entorno vuelve a producir información sensorial.

Ese ciclo cerrado es uno de los elementos fundamentales de cualquier organismo biológico.

6. Septiembre de 2026: Internet descubre el cerebro descargable

Cuando MaleCNS se hizo público, ocurrió algo inesperado.

Programadores comenzaron a descargar el connectoma y conectarlo con videojuegos.

Eon Systems resumió el fenómeno con cierta ironía: 

en cuestión de días aparecieron experimentos colocando el sistema nervioso de la mosca dentro de Minecraft, DOOM y Super Mario 64, además de otros proyectos experimentales.

No eran estudios científicos tradicionales.

Muchos fueron proyectos personales.

Experimentos.

Demostraciones.

Incluso bromas tecnológicas.

Pero detrás de esa aparente frivolidad había una pregunta muy seria:

¿puede una arquitectura neuronal biológica controlar un entorno para el cual jamás evolucionó?

La mosca jamás tuvo que abrir una puerta en DOOM.

Jamás tuvo que hacer saltar a Mario.

Jamás tuvo que recorrer Minecraft.

Sin embargo, las señales producidas dentro de su arquitectura neuronal podían ser interpretadas y convertidas en controles digitales.

7. DOOMFLY: una mosca entra al infierno

Uno de los proyectos más llamativos recibió el nombre de DOOMFLY.

El desarrollador Alex Wormuth conectó una simulación basada en el MaleCNS con el motor de DOOM.

Las imágenes del videojuego se transforman en estímulos que alimentan determinadas neuronas sensoriales.

La actividad neuronal resultante atraviesa la red.

Después, un sistema externo interpreta determinadas señales neuronales y las convierte en comandos:

girar,

moverse,

disparar.

El proyecto utiliza el connectoma completo retenido, con unos 166.700 nodos neuronales y más de 124 millones de contactos sinápticos representados.

Pero aquí debemos evitar una frase muy tentadora:

“una mosca aprendió a jugar DOOM”.

Eso no está demostrado.

El propio análisis técnico del proyecto advierte que DOOMFLY no constituye una emulación validada del sistema visual de una mosca, ni demuestra aprendizaje, comprensión del juego o comportamiento equivalente al del animal biológico.

La descripción científicamente defendible sería mucho más precisa:

una simulación basada en el connectoma de una mosca participa en un circuito cerrado capaz de controlar DOOM mediante interfaces sensoriales y motoras diseñadas por humanos.

Y eso, sin necesidad de exagerarlo, ya es extraordinario.

8. Super Mario 64: el connectoma convertido en joystick

Poco después apareció Fly64.

La desarrolladora Jessica Paquette conectó un modelo basado en MaleCNS con una versión de Super Mario 64.

En los videos públicos, Mario recibe comandos provenientes de la actividad generada por la red neuronal simulada.

El propio proyecto deja muy claras sus limitaciones: fue realizado como experimento educativo, gran parte del código fue generado mediante herramientas de IA y el autor reconoce que no representa una mosca viva digitalizada ni un jugador entrenado de Mario.

Eso no disminuye su interés.

Al contrario.

Nos obliga a observar dónde termina la biología real y dónde comienza la ingeniería.

El cableado neuronal viene de una mosca real.

Pero decidir qué estímulo representa una imagen de Mario y qué conjunto de neuronas debe transformarse en “mover joystick hacia la izquierda” es una decisión humana.

Ahí aparece una frontera fundamental que acompañará toda futura emulación cerebral:

el cerebro puede ser biológico; la interfaz sigue siendo artificial.

9. Minecraft: de mapa neuronal a criatura digital

También aparecieron implementaciones dentro de Minecraft.

Algunas utilizan partes seleccionadas del connectoma; otras intentan ejecutar grandes porciones del MaleCNS mediante modelos neuronales simplificados.

Un proyecto público, por ejemplo, utiliza 18.247 neuronas seleccionadas de circuitos relevantes para el vuelo y las simula como una red de neuronas integrate-and-fire dentro del propio juego.

Aquí el objetivo cambia nuevamente.

Ya no se trata solamente de controlar un personaje externo.

Se intenta colocar una criatura cuya conducta surge parcialmente de una arquitectura neuronal biológica reconstruida dentro de un mundo virtual persistente.

Minecraft se convierte entonces en algo parecido a un pequeño laboratorio experimental.

10. Cuando el cerebro sale de la pantalla

La siguiente frontera es obvia:

robots físicos.

Ya existen demostraciones comunitarias en las que señales generadas por simulaciones del connectoma se traducen en comandos para mecanismos físicos.

Uno de los ejemplos difundidos durante septiembre conectó actividad descendente de MaleCNS con un robot cinético tipo Strandbeest, haciendo que la actividad de la red neuronal simulada contribuyera al movimiento de una estructura física. Estas demostraciones son todavía experimentales y no equivalen a una validación científica de comportamiento animal.

Pero conceptualmente ocurre algo importante.

La cadena pasa a ser:

cerebro biológico reconstruido → simulación digital → actuador físico → mundo real.

La mosca deja metafóricamente la computadora.

11. Lo extraordinario no es DOOM

Puede resultar tentador convertir esta historia en una curiosidad:

“una mosca juega videojuegos”.

Pero esa interpretación se queda en la superficie.

Lo verdaderamente importante es que por primera vez disponemos de sistemas nerviosos completos suficientemente detallados como para comenzar a utilizarlos como arquitecturas computacionales ejecutables.

Durante décadas la inteligencia artificial siguió aproximadamente el camino inverso.

Los humanos observaron el cerebro.

Crearon redes neuronales artificiales inspiradas vagamente en él.

Simplificaron su funcionamiento.

Y terminaron construyendo sistemas como ChatGPT, Claude o Gemini, cuyos mecanismos matemáticos tienen ya muy poca semejanza directa con neuronas biológicas reales.

Ahora estamos recorriendo el camino contrario:

tomamos la arquitectura de un cerebro real,

la convertimos en datos,

y la ejecutamos dentro de una computadora.

Son dos ramas de una misma búsqueda.

Una intenta crear inteligencia artificial.

La otra intenta reconstruir inteligencia biológica.

Y quizás algún día ambas terminen encontrándose.

12. ¿Es esto inteligencia artificial?

La respuesta es interesante.

MaleCNS no es una IA en el sentido convencional.

No fue entrenado con millones de textos.

No utiliza transformers.

No funciona mediante grandes modelos de lenguaje.

Su estructura proviene directamente de un organismo que evolucionó durante millones de años.

Pero cuando esa estructura es simulada computacionalmente, recibe información digital y produce decisiones que controlan un entorno, comienza a aparecer una categoría diferente.

Podríamos llamarla:

inteligencia biológica emulada.

No es exactamente artificial.

Pero tampoco está viva.

Es una arquitectura biológica convertida en computación.

13. La próxima frontera: el ratón

La mosca es solamente el principio.

En 2025 el proyecto MICrONS publicó una reconstrucción de aproximadamente un milímetro cúbico de corteza visual de ratón.

Ese pequeño volumen ya contiene más de 200.000 células y 523 millones de sinapsis, junto con registros funcionales de aproximadamente 75.000 neuronas mientras el animal observaba estímulos visuales.

La comparación es extraordinaria.

Una pequeña fracción del cerebro de un ratón ya contiene más conexiones que todo el connectoma de la mosca.

Y Google confirma que existen trabajos de connectómica en curso dirigidos también hacia peces y ratones.

Eso deja claro el tamaño del siguiente desafío.

Reconstruir un sistema nervioso completo de mamífero no será simplemente hacer MaleCNS un poco más grande.

Será un salto de varios órdenes de magnitud.

14. Y después aparece el ser humano

Ahí las cifras se vuelven difíciles de imaginar.

El cerebro humano contiene aproximadamente 86.000 millones de neuronas y del orden de 100 billones de sinapsis, aunque ambas cifras son estimaciones y continúan siendo objeto de investigación.

Comparemos:

MaleCNS:

166.700 neuronas.

Cerebro humano:

aproximadamente 86.000.000.000.

No estamos hablando de una diferencia de dos veces.

Ni cien veces.

Estamos hablando de más de medio millón de veces más neuronas.

Y eso sin considerar que mapear las conexiones no basta.

Para una verdadera emulación cerebral posiblemente sería necesario reproducir muchas propiedades que los connectomas actuales todavía no contienen.

Por eso hablar hoy de “subir una mente humana a una computadora” sería científicamente prematuro.

Pero también sería un error ignorar hacia dónde apunta la trayectoria tecnológica.

Hace unas décadas tampoco podíamos reconstruir el sistema nervioso completo de una mosca.

Hoy puede descargarse.

15. El problema filosófico que llegará después

Supongamos que dentro de varias décadas conseguimos reconstruir con suficiente detalle un cerebro mucho más complejo.

Y que esa reconstrucción produce comportamientos prácticamente indistinguibles del organismo original.

Entonces aparecerá una pregunta que ningún microscopio electrónico podrá responder:

¿hemos copiado solamente la maquinaria o también algo de la experiencia que surge de ella?

Con una mosca, esa discusión puede parecer abstracta.

Con un ratón empezará a resultar incómoda.

Con un ser humano sería explosiva.

Porque entonces tendríamos que discutir identidad.

Memoria.

Conciencia.

Derechos.

Muerte.

Copias.

Y quizá incluso la definición misma de individuo.

MaleCNS todavía está enormemente lejos de esa frontera.

Pero por primera vez permite verla con algo más que imaginación."

CONCLUSIÓN ESTRATÉGICA

—Durante décadas hablamos de inteligencia artificial intentando imitar al cerebro.

El trigésimo primer informe de esta saga muestra que una segunda revolución avanza silenciosamente en dirección contraria:

convertir cerebros biológicos reales en sistemas computables.

MaleCNS no es una mente digital.

No contiene la experiencia de una mosca.

No reproduce perfectamente toda su bioquímica.

Y conectar sus neuronas simuladas con DOOM no significa que una mosca comprenda qué es un demonio, una escopeta o un videojuego.

Pero reducir el fenómeno a una curiosidad de Internet sería igualmente equivocado.

Tenemos delante un sistema nervioso completo de aproximadamente 166.700 neuronas, reconstruido con resolución sináptica, descargable como datos y capaz de convertirse —mediante modelos matemáticos e interfaces diseñadas por humanos— en el núcleo controlador de mundos digitales y dispositivos físicos.

DOOM, Mario y Minecraft son solamente las primeras demostraciones.

La verdadera historia es otra.

Por primera vez, el cableado de un sistema nervioso biológico suficientemente complejo ha pasado de un animal real a una base de datos, de una base de datos a una simulación y de una simulación nuevamente a la acción.

Hoy esa acción mueve a Mario contra una pared.

Mañana podría controlar robots diseñados alrededor de arquitecturas neuronales naturales.

Después vendrán organismos mayores.

El proyecto MICrONS ya demuestra que apenas un milímetro cúbico de corteza de ratón contiene más de medio billón de conexiones.

Y mucho más adelante espera el cerebro humano.

No sabemos si algún día será posible emularlo completamente.

No sabemos si una reconstrucción suficientemente precisa produciría conciencia.

Ni siquiera sabemos todavía qué cantidad de información biológica sería necesaria para intentarlo.

Pero MaleCNS acaba de convertir una pregunta que pertenecía principalmente a la ciencia ficción en una pregunta legítima de ingeniería y neurociencia:

si podemos reconstruir el cableado de un cerebro, ¿cuánto falta para que podamos reconstruir también aquello que ese cerebro hace?

Esa distancia sigue siendo gigantesca.

Pero ya hemos comenzado a medirla.—




Fuentes consultadas: Berg et al., Cell, “Sexual dimorphism in the complete Drosophila male central nervous system connectome” (3 de septiembre de 2026); Google Research, “A connectomics milestone: Mapping the complete male fruit fly brain” (septiembre de 2026); Dorkenwald et al., Nature, FlyWire connectome (2024); MICrONS Consortium, Nature (2025); Eon Systems, documentación sobre emulación y encarnación virtual de Drosophila (2026); repositorio y revisión técnica DOOMFLY; documentación pública de Fly64 y proyectos experimentales derivados de MaleCNS; Gizmodo, “Google Mapped a Fruit Fly’s Brain. Now It’s Playing Doom and Super Mario 64” (septiembre de 2026).

Las opiniones y análisis contenidos en este artículo son interpretaciones críticas basadas en información pública y en el diálogo con herramientas de inteligencia artificial, sin pretender certeza absoluta.

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