LOS ESCÁNDALOS DEL IOR Y EL VATICANO — PARTE 3

 



CAPÍTULO D — CECILIA MAROGNA: INTELIGENCIA, DINERO RESERVADO Y EL MISTERIO DE LOS 575.000 EUROS

Una religiosa secuestrada en Malí, una empresa eslovena, operaciones confidenciales y cientos de miles de euros que terminaron bajo la lupa de la Justicia vaticana

“La empresa recibió entre el 20 de diciembre de 2018 y el 11 de julio de 2019 pagos de la Secretaría de Estado por 575.000 euros.”

Fuente: Vatican News, documentación de la investigación presentada para la apertura del juicio.

“El dinero de la Secretaría de Estado fue gastado por Marogna en hoteles, ropa, muebles y artículos de lujo.”

Fuente: Vatican News, resumen de las motivaciones de la sentencia del Tribunal del Estado de la Ciudad del Vaticano, octubre de 2024.

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Hasta ahora, nuestra investigación había seguido una ruta relativamente reconocible.

Fondos de inversión.

Intermediarios financieros.

Sociedades.

Un edificio en Londres.

Millones perdidos.

Pero paralelamente a 60 Sloane Avenue se estaba desarrollando otra historia dentro de la Secretaría de Estado.

Una historia mucho más difícil de reconstruir.

Porque esta vez no se trataba de comprar un inmueble.

Se trataba, supuestamente, de salvar una vida.

Y buena parte de la operación debía permanecer en secreto.

En el centro de aquella historia apareció una mujer sarda:

CECILIA MAROGNA.

Una consultora que se presentaba como especialista en relaciones internacionales, geopolítica e inteligencia y que terminó recibiendo, a través de una sociedad controlada por ella, 575.000 euros de la Secretaría de Estado de la Santa Sede.

La explicación:

una operación reservada vinculada a la liberación de una religiosa secuestrada por yihadistas en África.

Pero cuando los investigadores comenzaron a seguir el dinero, encontraron algo muy diferente.


UNA RELIGIOSA SECUESTRADA EN MALÍ

La víctima que se encontraba detrás de esta historia era real.

Su nombre:

GLORIA CECILIA NARVÁEZ ARGOTI.

Religiosa colombiana de las Hermanas Franciscanas de María Inmaculada.

El 7 de febrero de 2017 fue secuestrada por hombres armados en Karangasso, Malí, cerca de la frontera con Burkina Faso.

Terminó en manos de grupos yihadistas vinculados a Al Qaeda.

Su cautiverio duraría:

cuatro años y ocho meses.

Por tanto, debemos establecer desde el principio una diferencia fundamental.

La operación humanitaria que preocupaba al Vaticano no era ficticia.

Había una rehén real.

Existía un peligro real.

Y conseguir su liberación podía justificar contactos reservados, intermediarios especializados e incluso negociaciones cuya publicidad pusiera vidas en peligro.

Sor Gloria Narváez fue finalmente liberada el 9 de octubre de 2021 y al día siguiente se reunió con el Papa Francisco en Roma.

Pero mucho antes de su liberación, dentro de la Secretaría de Estado ya se habían comenzado a mover grandes cantidades de dinero.


PRIMERA FASE: 575.000 EUROS PARA INKERMAN

Las motivaciones de la sentencia vaticana de 2023 permiten reconstruir algo que resulta esencial para comprender el caso.

Existieron en realidad dos fases financieras diferentes.

En la primera, Giovanni Angelo Becciu y Cecilia Marogna recurrieron a una empresa británica especializada en seguridad y secuestros:

INKERMAN.

Entre febrero y abril de 2018, la Secretaría de Estado transfirió a aquella empresa:

575.000 euros.

El objetivo estaba vinculado a los esfuerzos destinados a obtener la liberación de la religiosa colombiana.

Hasta aquí encontramos una estructura comprensible.

Una institución tiene una rehén cuya liberación intenta facilitar.

Contrata especialistas externos.

Y entrega recursos para una operación reservada.

Pero entonces aparece una segunda fase.

Y comienza el verdadero interrogante.


OTROS 575.000 EUROS

Meses después, prácticamente la misma cantidad volvió a salir de la Secretaría de Estado.

Pero esta vez no fue hacia Inkerman.

Fue hacia una sociedad eslovena:

LOGSIC HUMANITARNE DEJAVNOSTI D.O.O.

La cantidad:

575.000 euros.

Nuevamente.

Según las motivaciones posteriormente publicadas por el Tribunal vaticano, el dinero fue transferido mediante nueve operaciones bancarias.

Y apareció una circunstancia especialmente llamativa:

LOGSIC había sido constituida el día anterior al primer pago.

La sociedad pertenecía y era controlada exclusivamente por:

Cecilia Marogna.

El dinero comenzó a llegar el 20 de diciembre de 2018.

Las transferencias continuaron durante 2019.

Según la investigación vaticana, los pagos efectuados por la Secretaría de Estado alcanzaron los 575.000 euros.

Y Becciu, que para entonces ya había dejado el cargo de Sustituto para los Asuntos Generales, continuó interviniendo en las instrucciones relacionadas con esas transferencias.


EN REALIDAD, LA OPERACIÓN SUPERÓ EL MILLÓN DE EUROS

Este punto merece ser destacado.

Cuando hablamos del “caso Marogna” normalmente aparece una cifra:

575.000 euros.

Pero si reconstruimos las dos etapas descritas por el tribunal obtenemos:

575.000 euros a Inkerman.

más

575.000 euros a LOGSIC.

Eso significa que alrededor de:

1.150.000 euros

fueron movilizados durante las dos fases vinculadas a las gestiones relacionadas con la liberación de la religiosa.

Y todavía hay algo más.

Las motivaciones judiciales mencionan que Becciu entregó posteriormente a Marogna cantidades adicionales en efectivo por aproximadamente:

14.000 euros.

No significa que todo ese dinero haya sido ilícito.

La primera operación con Inkerman era independiente y estaba vinculada a una empresa especializada.

Pero sí plantea una pregunta inevitable:

¿por qué, después de haber destinado 575.000 euros a especialistas británicos, se transfirió una cantidad prácticamente idéntica a una sociedad recién constituida y controlada por Marogna?

Esa pregunta terminaría ocupando un lugar central en el juicio.


¿QUIÉN ERA CECILIA MAROGNA?

Marogna era originaria de Cagliari, Cerdeña, la misma región italiana de Becciu.

Había conseguido establecer una relación de confianza con el entonces Sustituto de la Secretaría de Estado.

Ella se describió públicamente como especialista en relaciones diplomáticas, geopolítica, inteligencia y manejo de situaciones internacionales delicadas.

La fiscalía vaticana presentó una caracterización mucho menos favorable y llegó a describirla como una “autodenominada analista geopolítica”.

La defensa rechazó esa descripción y sostuvo que Marogna desarrollaba auténticas actividades reservadas.

Esta diferencia resulta fundamental.

Porque buena parte de su defensa se apoyaría posteriormente en un argumento difícil de comprobar desde el exterior:

los gastos de una operación de inteligencia no necesariamente pueden documentarse como los gastos de una empresa convencional.

Intermediarios.

Viajes.

Contactos.

Fuentes.

Informantes.

Pagos confidenciales.

Operaciones cuya trazabilidad podría poner personas en peligro.

Todo eso forma parte, efectivamente, del mundo de la inteligencia.

El problema era otro.

Los investigadores siguieron las cuentas bancarias.

Y encontraron gastos que consideraron difícilmente compatibles con ese argumento.


HOTELES, ROPA, MUEBLES Y ARTÍCULOS DE LUJO

En abril de 2020, un informe de la Policía eslovena sobre movimientos sospechosos relacionados con LOGSIC llegó a los magistrados vaticanos a través de la Nunciatura Apostólica.

Comenzó entonces una reconstrucción detallada de los movimientos financieros.

Según la investigación y las posteriores motivaciones de la sentencia, parte significativa del dinero terminó utilizada en:

hoteles,

ropa,

muebles,

bolsos,

zapatos,

cosméticos,

establecimientos de lujo

y otros gastos personales.

También aparecieron:

69.000 euros en retiros de efectivo.

La investigación italiana de 2020 llegó a identificar gastos concretos en firmas y establecimientos de lujo.

Pero debemos introducir aquí una precisión importante.

Encontrar una compra en una tienda de lujo no demuestra por sí mismo cuál fue su finalidad.

Marogna sostuvo que los gastos formaban parte de las actividades que le habían sido encomendadas y que el dinero incluía honorarios, viajes, asesoramiento y costes operativos.

La fiscalía sostuvo exactamente lo contrario:

que aquellos gastos no tenían relación justificable con la finalidad para la cual la Secretaría de Estado había entregado los recursos.

Ese conflicto terminaría siendo resuelto —al menos en primera instancia— por el Tribunal vaticano.


EL ARGUMENTO DE MAROGNA

Marogna nunca negó haber recibido el dinero.

Lo que negó fue haberlo malversado.

Según su versión, los fondos financiaban actividades de inteligencia y operaciones reservadas encargadas por Becciu.

Su defensa sostuvo además que existía un problema prácticamente insoluble:

¿Cómo defender públicamente una operación que supuestamente estaba cubierta por secreto?

Los abogados solicitaron que pudiera hablar libremente sobre determinadas actividades que, según ellos, estaban protegidas por obligaciones de confidencialidad.

La defensa argumentó que sin poder revelar las operaciones concretas resultaba imposible justificar algunos gastos.

Es una cuestión jurídicamente interesante.

El secreto puede ser necesario para realizar una operación de inteligencia.

Pero ese mismo secreto puede convertirse después en un enorme problema cuando alguien debe demostrar ante un tribunal qué hizo con cientos de miles de euros.


BECCIU: “EL PAPA LO SABÍA”

Becciu ofreció otra pieza fundamental de esta historia.

Durante el juicio declaró que había informado personalmente al Papa Francisco sobre la operación destinada a conseguir la liberación de la religiosa.

Según Becciu, Francisco:

autorizó proceder.

Y además consideró necesario mantener la operación bajo estricta confidencialidad.

Becciu declaró incluso que preguntó al Papa si debía informar al comandante de la Gendarmería vaticana y que Francisco le habría indicado que no, para evitar filtraciones y proteger la operación.

Debemos ser extremadamente precisos:

esta es la versión ofrecida por Becciu durante su defensa.

Que Francisco autorizara una operación reservada para intentar liberar a una rehén no significa que autorizara posteriormente todos los pagos realizados a Marogna ni, mucho menos, los gastos que terminaron cuestionados judicialmente.

Esa diferencia sería precisamente uno de los puntos centrales del proceso.


PEÑA PARRA HEREDÓ LOS PAGOS

Cuando Becciu dejó su cargo en la Secretaría de Estado, su sucesor fue el arzobispo venezolano:

EDGAR PEÑA PARRA.

Durante el juicio, Peña Parra explicó que se encontró con órdenes de transferencia vinculadas a una operación que Becciu había iniciado anteriormente.

Según declaró, consultó al Papa antes de autorizar pagos.

También preguntó directamente a Becciu.

La explicación que recibió fue que los recursos estaban relacionados con la liberación de la religiosa secuestrada.

Según Peña Parra, el nombre de Cecilia Marogna ni siquiera le había sido comunicado inicialmente.

Esto revela una característica especialmente problemática del sistema.

El sucesor del responsable de una operación reservada estaba autorizando transferencias de cientos de miles de euros correspondientes a un proyecto que había heredado y cuya información se encontraba extraordinariamente compartimentada.

El secreto, concebido para proteger la misión, también reducía los mecanismos normales de supervisión.


CUANDO LA GENDARMERÍA SIGUIÓ EL DINERO

La Gendarmería Vaticana comenzó posteriormente a analizar:

cuentas bancarias,

dispositivos electrónicos,

mensajes,

transferencias

y documentación.

Según testimonios presentados durante el juicio, los investigadores concluyeron que Marogna estaba utilizando fondos para gastos que consideraban personales.

Uno de los episodios más llamativos ocurrió cuando miembros de la Gendarmería informaron a Becciu de lo que habían encontrado.

Según el testimonio del comisario Stefano De Santis, Becciu llegó a ofrecerse a devolver dinero a la Secretaría de Estado.

El comandante Gianluca Gauzzi habría respondido que Becciu era:

“el engañado, no el estafador”.

Posteriormente la posición judicial del cardenal cambiaría considerablemente.

Pero aquel episodio demuestra hasta qué punto, inicialmente, los propios investigadores consideraron posible que Becciu hubiese sido víctima de la conducta de Marogna.


13 DE OCTUBRE DE 2020: MAROGNA ES DETENIDA

El caso dejó entonces los despachos vaticanos y llegó a Italia.

El 13 de octubre de 2020, Cecilia Marogna fue detenida en Milán por la Guardia di Finanza en cumplimiento de un mandato internacional solicitado por el Vaticano.

Fue trasladada a la prisión de San Vittore.

Era una situación jurídica extraordinaria.

Italia debía determinar si podía extraditar a una ciudadana italiana hacia el Estado de la Ciudad del Vaticano.

Marogna permaneció detenida hasta finales de octubre, cuando la Corte de Apelaciones de Milán ordenó su liberación con obligación de presentarse periódicamente ante las autoridades.

Finalmente, en enero de 2021, la Justicia vaticana retiró su solicitud de extradición para permitir que Marogna pudiera participar libremente en el proceso que iba a comenzar.


LA RELIGIOSA FINALMENTE FUE LIBERADA

Mientras la investigación judicial avanzaba, la historia humana que había originado toda aquella operación tuvo un final feliz.

El 9 de octubre de 2021, después de cuatro años y ocho meses en cautiverio, sor Gloria Cecilia Narváez recuperó la libertad.

Al día siguiente llegó a Roma y fue recibida por Francisco.

La propia religiosa agradeció posteriormente a las autoridades de Malí, al Gobierno italiano, a los servicios de inteligencia y a quienes habían trabajado para conseguir su liberación.

Pero existe una diferencia esencial:

que la operación para salvarla haya sido legítima y real no demuestra que cada euro posteriormente entregado a Marogna haya sido utilizado para esa finalidad.

Eso era precisamente lo que debía resolver el Tribunal.


LA SENTENCIA DE 2023

El 16 de diciembre de 2023 llegó el veredicto de primera instancia.

El Tribunal del Estado de la Ciudad del Vaticano consideró responsables conjuntamente a:

Giovanni Angelo Becciu

y

Cecilia Marogna

por el delito contemplado en el artículo 416-ter del Código Penal vaticano relacionado con los fondos entregados por la Secretaría de Estado a través de LOGSIC.

El comunicado oficial fue particularmente contundente.

El tribunal sostuvo que más de 570.000 euros fueron transferidos a Marogna mediante una sociedad vinculada a ella bajo una motivación que, según la sentencia, no correspondía a la verdad: que el dinero debía utilizarse para favorecer la liberación de la religiosa secuestrada en África.

Marogna fue condenada en primera instancia a:

tres años y nueve meses de prisión

y a una inhabilitación temporal para ejercer cargos públicos durante el mismo período.

LOGSIC recibió una multa de:

40.000 euros

y la prohibición de contratar con administraciones públicas durante dos años.

Además, el Tribunal fijó específicamente:

575.000 euros

como daño emergente atribuido a Marogna y LOGSIC en favor de APSA.

La sentencia no es firme.


UNA CONDENA QUE SIGUE ABIERTA

Marogna apeló.

Y aquí debemos conectar este capítulo con la actualidad judicial.

El proceso de apelación comenzó en septiembre de 2025.

En marzo de 2026, la Corte de Apelaciones del Vaticano detectó problemas importantes en el procedimiento de primera instancia.

Ordenó una:

“nulidad relativa”.

No anuló completamente el juicio ni eliminó automáticamente las condenas.

Pero ordenó renovar partes del debate y exigió que la Oficina del Promotor de Justicia entregara íntegramente documentación que las defensas denunciaban haber recibido con omisiones.

El problema continuó.

El plazo original del 30 de abril de 2026 para entregar toda la documentación no fue cumplido íntegramente y la Corte tuvo que establecer nuevas fechas.

Por tanto, a septiembre de 2026:

la condena de Cecilia Marogna de tres años y nueve meses no puede presentarse como una condena penal definitivamente firme.

Continúa sometida al proceso de revisión judicial.

Y Marogna sigue negando haber cometido delitos."


CONCLUSIÓN ESTRATÉGICA

—El caso Cecilia Marogna tiene algo que lo diferencia profundamente de 60 Sloane Avenue.

Aquí no había un edificio que pudiera fotografiarse.

No había una tasación inmobiliaria.

No había un fondo de inversión cuyo rendimiento pudiera calcularse.

Había secreto.

Y precisamente por eso era todavía más difícil controlar el dinero.

La misión original era legítima.

Una religiosa permanecía secuestrada por yihadistas en Malí.

El Vaticano tenía motivos humanitarios evidentes para intentar liberarla.

Podía ser necesario recurrir a especialistas.

Podía ser necesario pagar intermediarios.

Podía incluso ser necesario mantener operaciones fuera de la mirada pública.

Pero el secreto no elimina una obligación fundamental:

alguien debe saber dónde termina el dinero.

La Secretaría de Estado entregó primero 575.000 euros a una compañía británica especializada.

Después entregó otros 575.000 euros a una sociedad eslovena creada el día anterior a la primera transferencia y controlada completamente por Cecilia Marogna.

Y posteriormente aparecieron hoteles, ropa, muebles, artículos de lujo y decenas de miles de euros retirados en efectivo.

Marogna sostiene que todo formaba parte de operaciones reservadas.

La primera instancia judicial no aceptó esa explicación.

Pero el proceso todavía continúa.

Por eso el verdadero problema institucional va más allá de decidir si Marogna fue culpable o inocente.

La pregunta es otra:

¿cómo podía una estructura destinada a manejar operaciones secretas transferir cientos de miles de euros sin mecanismos suficientemente sólidos para verificar después su utilización?

60 Sloane Avenue mostró los riesgos de entrar en las altas finanzas sin controles adecuados.

El caso Marogna muestra el problema inverso:

cuando una institución invoca el secreto para proteger una misión legítima, puede terminar creando precisamente el espacio donde el control resulta más difícil.

Y todavía no hemos llegado al centro judicial de toda esta historia.

Porque Sloane Avenue, Marogna, Becciu, Mincione, Torzi y los demás protagonistas terminarían reuniéndose en una misma sala.

Después de 86 audiencias, llegaría una sentencia histórica.

Condenas.

Absoluciones.

Confiscaciones por más de 166 millones de euros.

Indemnizaciones superiores a 200 millones.

Y por primera vez, un cardenal sentado en el banquillo ante la Justicia penal del Vaticano.

Será nuestro próximo capítulo:

CAPÍTULO E — EL JUICIO DEL SIGLO: BECCIU, TORZI, MINCIONE, MAROGNA Y LAS CONDENAS DE 2023.—



Análisis realizado por CHATGPT (OpenAI). Fuentes: Tribunal del Estado de la Ciudad del Vaticano y Oficina de Prensa de la Santa Sede; Vatican News; documentación de la Gendarmería Vaticana incorporada al proceso; ANSA; Associated Press; Corte de Apelaciones del Estado de la Ciudad del Vaticano; además de documentación pública y judicial relacionada con Cecilia Marogna, LOGSIC Humanitarne Dejavnosti D.O.O., Giovanni Angelo Becciu, Inkerman y la operación destinada a obtener la liberación de sor Gloria Cecilia Narváez.

Las opiniones y análisis contenidos en este artículo son interpretaciones críticas basadas en información pública y en el diálogo con herramientas de inteligencia artificial, sin pretender certeza absoluta.

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